Túneles de San Telmo

Un enigma y una leyenda en la historia del barrio de San Telmo, fue saber si en la anterior Residencia de Hombres de Humberto Primo, sitio donde está la Iglesia de San Pedro, había túneles de conexión con la red subterráneo de los misioneros.

En el año 1991 se hicieron excavaciones y se descubrió la incógnita de la pared hueca que hay en la capilla. Se encontró un pozo de basura y un enorme aljibe hecho en la 1era mitad del Siglo 18 por los jesuitas.

Los túneles de la calle Defensa 751, penetrados en  los años 1986 y 1987, eran anteriormente dos pozos ciegos, un excusado, dos aljibes hechos con cisternas y un pozo de balde.

En la calle Perú 680, donde anduvo la imprenta llamada “Coni”, también se hicieron exploraciones en los años 1989 y 1990. Por ahí transitaba el arroyo “Tercero del Sur”, que iniciaba en Constitución pasando a esa altura por la calle Chile para luego finalizar su recorrido en el Río de la Plata. En el transcurso del siglo pasado se hicieron entubamientos de arroyos, con el fin de canalizar agua de lluvia para impedir crecidas e inundaciones, y luego se colocó la red de aguas sanitarias.

Al momento de hacer la imprenta “Coni” se realizaron 3 grandes cisternas, las cuales son las de mayor tamaño de la ciudad. Las mismas eran para alimentar la máquina de vapor con el agua del arroyo. Otro sitio donde se hallaron fosos subterráneos, ha sido en el Parque Lezama. Las perforaciones que se hicieron en el año 1991 a cargo del equipo de Arqueología Histórica de Buenos Aires, comprobaron la existencia de aljibes.

El Censo que se hizo en el año 1887 indica que en la ciudad de Buenos Aires habían 20.787 casas que tenían pozos, 9.019 con aljibes, 8.817 poseían agua potable y 2.539 que no contaban con agua. El 22 por ciento de las casas, los comercios, y las industrias, poseían sótanos y varias obras subterráneas usadas como pozos ciegos, de balde o pozos de depuración, huecos para basura, instalaciones sanitarias, cisternas, tanques, heladoras, conductores eléctricos y demás aplicaciones. En el año 1894 por motivos higiénicos, se prohibió la utilización de pozos en la Capital.

La Espera de las Viudas

Se sabe que por cada uno de los adoquines que están sobre la calle Chile, solamente en la parte que va hacia el barrio de San Telmo, murió una persona en la época de la resistencia de la ciudad. Es por eso que a dentro de 4 cuadras, yendo hacia el bajo, hay alrededor de 55.000 adoquines pegados y sin grietas, o mejor dicho, 55.000 tumbas.

Ciertos mensajes románticos todavía se mantienen, transportándonos a los años en que las viudas hostigaban con su llanto el día seleccionado como un a manera de acordarse de sus difuntos maridos y, como si fueran nubes que brotaban del río, subían por la calle hasta lo que actualmente es el recuerdo de San Cristóbal.

Con el paso del tiempo, las viudas han sido veladas por sus hijos, por lo que no existieron más las nubes elevándose por el bajo. Solamente permanecieron los adoquines, como si fueran protectores unidimensionales, inhabilitados para una justa pelea en caso de que aparezca  un invasor.

Contrariamente a la calle y a las esperanzas de dichas viudas, transitaron los últimos días de una de aquellas mujeres, llamada Mariel Consorti.

Consorti no pudo tolerar la alegórica presencia de su marido en el suelo, por lo que una noche, concretamente, removió a punta de pala al menos un cuarto de cuadra de adoquines. Se esfumó junto con las piedras y nunca más se supo nada de ella. Hasta el diario más menguado se arriesgó a mencionar el relato en esos días.

Como un efecto de ese hecho, o del burlón que tuvo ganas y tiempo aquel verano, 4.000 cartas llegaron ese otoño a las viviendas de las personas que poseían parientes perdidos por luchar defendiendo la ciudad. En dichas cartas figuraba el nombre de algún soldado y, por supuesto, el número de cartas coincidía con el número de adoquines que faltaba.

Una decena de las mencionadas cartas están todavía en la actualidad en del museo del barrio y aquella persona que las vea podrá notar que el tipo de letra es muy diferente en cada una de ellas manifestando sólo un pensamiento ¿cuál fue el número de personas que estuvieron envueltas en esta situación tan extraña?

En el tramo de la calle Chile y Balcarce, en una parte que ocupa solamente un cuarto de cuadra, que zigzaguea y culmina en la Av. Independencia, asisten gran cantidad de turistas cada mes y es recorrido muy lentamente, es más, ese es el pedazo más corto pero el que se observa con más detenimiento. ¿Por qué? Porque todos cuentan los adoquines que componen esa cuadra, dando como resultado un número increíblemente casual: 4.000.

No obstante, el detalle más llamativo no es precisamente la cantidad sino la frase que figura en la placa que se encuentra al final de ese corto tramo, que dice: "Aquí vivió la Familia Consorti".

Las Almas de los Esclavos en San Telmo

El edificio en  donde estaba la Biblioteca Nacional anteriormente, en la calle México 546,  en el barrio de San Telmo, en la actualidad es la sede del Centro Nacional de Música. Sin embargo, en los años en que fue la 2da fundación de Buenos Aires, dicho solar era de una compañía de Francia, la cual traficaba esclavos.

La leyenda dice que ese edificio encierra las almas de muchos de esos esclavos, los cuales no quieren irse del lugar, por tener la tranquilidad que jamás habían obtenido.

Algunos empleados que trabajan en el conservatorio dicen que cuando hay tormenta, por las noches. Se oyen en el sótano sonidos de cadenas y también gritos. También, que en los pisos más altos los ficheros tienden a abrirse y cerrarse solos.

Sin embargo, estos empleados no tienen miedo. Por el contrario, afirman que de no permanecer allí esos fantasmas, los echarían de menos. La única forma de averiguar si es verdad sería quedarse en ese lugar una noche de tormenta.

La Procesión de las Ánimas

A fines del S. XIX, gran parte de las viviendas de San Telmo, han sido deshabitadas por la epidemia que hubo de fiebre amarilla. Un día de invierno, los pocos vecinos que aún permanecían  en San Telmo, se juntaron en la casa de la familia Quiroga para realizar una tertulia y homenajear a Enriqueta por su cumpleaños, que era la mayor de las hijas del famoso comerciante.

Esa tarde, cuando empezó a caer el sol, y la noche se vistió de sombras, los niños de la casa lentamente comenzaron a tener sueño, como de costumbre. Remigio, que era el hijo más chico de los Quiroga, permaneció en la ventana observando y examinando la noche. De repente, notó como de las casas que habían sido deshabitadas, una por una comenzaron a abrirse las puertas y empezó a verse una cantidad de luces que se escurría por afuera yendo para el norte.

Remigio gritó desesperadamente, lo que hizo que todos se acercaran al ventanal. Se produjo un silencio y nadie pudo moverse de ahí durante mucho tiempo.

Se veían siluetas de color blanco que no tenían cara, y que poseían una luz muy fuerte, iban en filas de a dos por delante, en dirección a la Catedral.

Algunos se animaron a decir que aquello que veían era La “Procesión de las Ánimas”. Los chicos, con sólo oír el nombre, se asustaban.

Esa vez fue la 1era que pudieron verla, sin embargo no fue la última. “La Procesión de las Ánimas”, también llamada la “Santa Compañía”, representaba una procesión de almas que se encontraban en pena, que deambulaba por toda la ciudad por las noches. Tenían en sus manos una luz, que podía prevenir de una vela, podía ser un farol, o incluso un hueso prendido. Ocasionalmente lo hacían sin emitir ningún sonido, otras veces hacían sonar pequeñas campanas. Cuando se percibían señales como el aroma a la cera y un leve viento, uno podía darse cuenta que estaba circulando por allí el tumulto de fantasmas.

Los hombres no salieron más de sus viviendas durante la noche, porque no querían encontrarse con los difuntos. Quienes eran más valientes y no temían, se animaban a salir arriesgándose a permanecer condenados a deambular cada noche hasta que le llegara su muerte, o sorprender a algún otro ingenuo que sería su guía.

Hace tiempo que nadie ha visto a “La Procesión de las Ánimas” en la ciudad. Se dice que tantos edificios no les agrada a los muertos, y es por ello se han ido a merodear por los campos. Se dice que en ocasiones terminan en una vivienda, y dicen además, que el propietario de la casa debe darles la bienvenida prendiendo una vela en como símbolo de honor, de lo contrario, no tardará mucho tiempo en llegarle la muerte, para luego ser quien llevará la cruz de la tropa.


El fantasma excitado de San Telmo

Esta leyenda está basada en el cuento “El fantasma excitado de San Telmo”, del autor Eduardo Gudiño Kieffer. La historia transcurre en la laza Dorrego, en el barrio de San Telmo, y cuenta las adversidades de una india y sus cuatro amantes caciques, los cuales que son colgados en la Plaza Dorrego, por el patrón de dicha joven, al que ella no amaba.

Como venganza por haber asesinado a sus amantes, la muchacha un día lo visitó en su habitación, lo excitó mucho, y cuando llegó al punto de mayor excitación, lo mata.

La leyenda dice que por la zona de la Plaza Dorrego deambula el fantasma de Antonio Torres de Pineda.

Enamorado de una muchacha india de quince años de edad, dice la leyenda de pasión y sexualidad, que el hombre se volvió loco cuando la vio a la joven en una cama, totalmente desnuda, con sus cuatro amantes caciques, que luego mandó a colgar en la Plaza de Mayo. Torres de Pineda seguía las órdenes de Juan de Garay y contaba con la autoridad para hacerlo. Como venganza, la joven india maldijo su alma, y es desde aquel momento, que el fantasma excitado atraviesa las calles del barrio de San Telmo.

La Casa Mínima

Esta tipo de casas estaban destinadas a los esclavos libertos, los cuales sólo podían armar sus hogares en pequeños espacios que les daban sus amos, limitando la vivienda de éstos.

La Casa Mínima, ubicada en el Pasaje San Lorenzo al 300, en el barrio de San Telmo, es la única vivienda de esta clase que aún persiste en Buenos Aires. Sólo mide 2 metros con 17 centímetros de ancho, y 13 metros de profundidad.

La Casa Mínima fue construida en la 2da década del S. XIX. Consiste en un espacio secundario que quedó después de las repetidas reformas de edificación que se hicieron en esa manzana.

La Casa Mínima también cuenta una leyenda. Se creía que ahí había vivido un esclavo liberto, el cual había recibido como donación de su amo, el terreno, con el fin de construir su casa. Es por eso, que durante mucho tiempo se conocía, entre los vecinos de la ciudad, a la Casa Mínima, como “Casa del esclavo liberto”.

Hoy, el lugar está cerrado, solamente puede visitarse y observarse su fachada.

Historia de amor en la Tasca de Cuchilleros

La Antigua Tasca de Cuchilleros, ubicada en Carlos Calvo 319, en el barrio de San Telmo, tiene su historia de amor, que todavía palpita en el “Rincón de Margarita”, una parte de la casa, en la cual Margarita fue encerrada por su padre, el Sargento Oliden.

La razón por la cual su padre la encerró, es que Margarita había sido prometida para contraer matrimonio con Cuitiño, que era el Jefe de la Mazorca del Gral. Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, Margarita estaba enamorada de un payador llamado Juan de la Cruz Cuello. Entonces, al saber de su compromiso se escapó con su enamorado por los túneles secretos que había en el solar, que tenían la salida debajo del piso del baño de mujeres de dicha casa.

El pasadizo llega a la Iglesia de San Telmo, y fue pensado en aquel entonces como unión con el puerto para pasar por allí contrabando, además de ser un sitio estratégico de la Resistencia contra las Invasiones Inglesas.

Pero en esta ocasión, fue empleado como salida para preservar el amor, que a pesar de todo, lamentablemente no tuvo final feliz.

Nombre:
Mensaje:
CRUZ RODRGUEZ 2012-03-19 18:47:12

TE ENVIO ESTAS HISTORIAS DE AMOR QUE OCURRIERON AQUI EN MI BARRIO DE SAN TELMO

jose luis orueño salcedo 2012-02-21 01:32:01

recuerdos de san telmo

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